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JORGE TACLA
Es uno de los más destacados artistas contemporáneos chilenos y nos abrió las puertas de su taller en Nueva York para hablarnos de lo que será su próxima muestra “Identidades Ocultas” en el Museo de la Memoria.
Por: Montserrat Molina / Fotos del taller y retratos: Tomás Rodríguez / Fotos de las obras: Robert Lorenszon.

Se ha cambiado cinco veces de taller desde que se fue a vivir a Estados Unidos, hace ya treinta y dos años. Pues como bien dice el artista, “en esta ciudad las cosas van mutando de una manera muy extraña. Te instalas en un lugar y después de tres años, la biología de esa zona cambia dramáticamente y ya no te sientes identificado con el lugar que elegiste en algún momento”. Desde muy temprano en la mañana, Jorge Tacla se encuentra trabajando en su taller ubicado en pleno centro de Manhattan, muy cerca de Bryant Park. Lleva nueve años instaladísimo en este lugar, que él mismo remode- ló, a donde todos los días llega en bicicleta o caminando desde su casa. “Al unir los dos cuartos pisos de estos dos edificios, construidos hace ciento diez años, desarrollé un espacio amplio y cálido que me gusta, sobre todo, porque conserva ciertos vestigios de otra época, como las ventanas y la altura de los techos. Hasta hace algún tiempo en este sector había mucho tráfico de drogas y aquí al lado funcionaba una discotheque clandestina toda la noche. Hoy nada de eso existe y esa gracia que tenía esta calle se fue extinguiendo. Había una noción de peligro, algo que siempre en Nue- va York es seductor”, relata Tacla.
Son pocos los momentos en que el artista no está trabajando. Sin ir más lejos, hoy una parte de su obra está presente en la Bienal de Venecia, en el Emergency Pavilion, a través de la muestra “Rebuilding Utopia”. De manera simultánea, trabaja para la exposición “Tale of Two Cities”, que inaugurará en mayo de 2014 en el Bruce Museum, en Greenwich, CT, y en la serie “Identidades Ocultas”, que exhibirá en junio de 2014 en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en Chile. “En el mes de noviem- bre estaré haciendo la Residencia en la Fundación Rockefeller, Bellagio, Italia, en donde voy a estar trabajando en esta serie que es muy extensa, parte de la cual voy a mostrar en el Museo de la Memoria”, adelanta Tacla. “El denominador común en esta serie es la alusión a referentes donde las víctimas y los agentes están ocultos, dejando visible en estas telas una membrana análoga a la memoria de un suceso”, acota el artista.
–Las destrucciones y los escombros, entre otras cosas, lo llevaron a ex- plorar el mundo de la intimidad de las personas y a esta nueva serie, la cual habla mucho de la relación entre el agresor y la víctima. ¿Qué lo ha llevado a indagar en ese tipo de relación?
–Esta serie la estoy trabajando desde el año 2005. En esta relación a la que me refiero, hay víctimas no identificadas, así como el “yo” agresor del agente puede estar disociado de su propia identidad. Estos trabajos bus- can remitir a la relación entre la víctima y el agresor, desde la permeabi- lidad de sus identidades y la negociación de culpabilidades. Lo que me mueve a trabajar en esta dinámica es el vínculo directo entre lo privado y lo público, la tensión entre la intimidad y la autonomía que está presente en los diferentes espacios que albergamos en la vida cotidiana.
–En “Identidades Ocultas”, el abuso del poder se hace evidente entre el agresor y su víctima. ¿De qué manera refleja esto en su pintura?
–Estas obras son una celebración de lo sublime, una idea peligrosa que es capaz de transformar lo malo en bueno y lo bueno en malo con su al- quimia. Esto alimenta el vacío crujiente del desastre. En estas pinturas no hay una visibilidad nítida de la víctima y el agresor, pero sí se puede per- cibir en las capas pictóricas, una dinámica del desquiciamiento humano.
–Hoy que sus obras tienen que ver más con lo personal, de qué manera se acerca al trabajo pictórico.
–No creo que hoy mis obras tengan más que ver con lo personal que en el pasado. Lo personal es inevitable, pero he profundizado en esta serie, con un rigor mayor, ya que siento que para poder trabajar esta temática tengo que hablar simultáneamente desde adentro y desde afuera; como sujeto y objeto. En las lecturas que ocupo para informarme sobre este trabajo, siempre se hace alusión a lo personal, pues en ello está la construcción de la demencia social.
“Muchas de las obras de esta serie están realizadas en óleo y cera fría so- bre lino. La cera fría en su factura final se acerca a la sensibilidad de nues- tra propia piel; vulnerable, húmeda y comunicadora de nuestros traumas. De esta manera, la materialidad de estas pinturas, se relaciona de manera íntima con nuestra propia materialidad”, acota Tacla.
“ME VINCULO A LA CIUDAD CON AMOR Y DESPRECIO”
–Después de tantos años viviendo en Nueva York, ¿cómo me describiría esta ciudad? –Describir esta ciudad no es simple, ya que tiene una biología interna muy poderosa y una energía externa desquiciante. Yo me vinculo a la ciudad con amor y desprecio; es una ciudad sicológicamente adictiva. Los códigos que se manejan son muy veloces, hay una demanda intelectual y física que es muy rigurosa, por eso se habla de la gran paranoia de Nueva York. Es una ciudad que es capaz de consumir toda tu energía en un corto plazo, lo cotidiano se convierte en una sobrevivencia. Suena contradictorio, pero esto en parte hace de Nueva York un lugar cargado de humanidad.
–¿Es una ciudad dura para un artista que recién comienza?
–Esta ciudad siempre es dura, pero también tiene grandes beneficios. Para un artista que recién comienza, hay una abundancia de estímulos; así, mu- chos se engañan con este placer seductor y terminan perdidos y entrampados en esta ciudad. Algunos sobresalen con gran esfuerzo y, a partir de ese momento, comienza lo más duro; mantenerse y a su vez crecer.
–¿Me imagino que para que un artista logre mantenerse en Nueva York debe tener una propuesta súper vigente?
–Una de las cosas buenas de Nueva York, es que se vive en lo vigente. Al hablar de una propuesta actual, hay varias coordenadas que se manejan para hacer de esto un espacio real en la producción de un trabajo de arte. Los artistas siempre cuestionan la vida que les toca vivir, ésa es de por sí una actitud vigente. La propuesta de arte mira más allá de lo que está pasando ahora, sin abandonar la tensión con lo que ha pasado anteriormente. Ser vigente, no es el presente, sino la actualización de esta tensión.